OBRINT LA FINESTRA

M'agrada assomar-me a la finestra i veure que hi ha més enllà. Normalment després me retiro a l'habitació i continuo amb el que estava fent. Avui m'han pegat una espenteta i he decidit travessar la finestra.

lunes, 7 de junio de 2010

EL DETALLE


Conocí a un tipo que era muy detallista. Se llamaba Eduardo. Puedo deciros que me enamoré de él por su perseverancia, su tranquilidad de espíritu y por esos gestos amables que tenía conmigo. De hecho, de mis antiguos novios, nadie me mandaba flores cada mes coincidiendo con el día que nos habíamos conocido, ni poesías por correo electrónico que elevaban la temperatura del corazón y de otras partes de mi cuerpo a las nueve de la mañana cuando encendía el ordenador del trabajo. En otra época esto tenía un nombre “galantería” aunque hoy esa palabra la he borrado de mi diccionario.

El caso es que se quedó conmigo durante diez meses. Siempre estaba pendiente de mí. Cuando nos arreglábamos para salir a dar un paseo me miraba el rostro y me quitaba la pestaña que se había escapado de su sitio y andaba perdida en el párpado inferior de mi ojo derecho. Después daba un giro sobre mi misma para complacerle y me decía ¡ahora sí!.

Mis novios anteriores no se fijaban en mi cara la verdad, y menos en mis pelos. Total que me quedé con él diez meses.

Lo malo es que era igual de detallista para el sexo, y aunque esto al principio me hacía gracia, al final era absolutamente insoportable.

Os cuento. Tengo una verruga en mis nalgas desde nacimiento y cada vez que hacíamos el amor tropezaba con ella varias veces. Yo siempre había pensado que esta parte de mi anatomía era un gracioso lunar, pero desde que estuve con Eduardo supe que era una verruga incómoda. Más o menos al tercer mes de estar juntos, un día después de hacerlo larga y pausadamente, Eduardo empezó a soltar, como quien no quiere la cosa, que debería quitarme la verruguita de las nalgas, que afeaba, sin querer, un cuerpo tan hermoso. Eduardo era así, tan correcto y tan galante.

Al principio me hacía gracia y me reía. Pero supe que a él no le hacía ninguna, de gracia. A los cinco meses dejamos de hablar del tema.

Nuestra relación se fue deteriorando en los cinco meses siguientes. Me hubiera gustado que la cosa terminara como el rosario de la aurora, con una bronca monumental, lo normal. Pero nuestro vínculo se fue apagando lentamente, como una vela que poco a poco se consume. Nos despedimos muy amablemente.

En fin, que queréis que os diga, ahora estoy feliz, sola y abierta. Pero siempre me ha gustado tener pareja. Solo necesito un tipo que no esté demasiado pendiente de mí, y al que no le importe que tenga un grano en el c..., ya me entendéis.

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